sábado, 18 de julio de 2015

GARÚA

GARÚA

Mario Ángel Alonso

Llega con ruidos la garúa
aumenta y baja la presión
en la cabeza y los oídos
es aguacero
hasta los músculos del brazo
los del cuello y las piernas
se vuelven chubasco
el sonido oprime
y otros ruidos
en la reposada melancolía
fragmentan el corazón
rompen entretelas tenues
entre la vigilia y la desidia
no llueve a cántaros
se inunda el alma.

lunes, 13 de abril de 2015

Eduardo Galeano sobre la muerte - A modo de despedida

A MODO DE DESPEDIDA

¿Qué es la muerte para usted ?

Depende de la hora del día. A veces me angustia. A veces le tengo miedo. A veces me resulta indiferente, y otras veces, las más frecuentes, creo que la muerte y el nacimiento son hermanos. Que la muerte ocurre para que el nacimiento sea posible. Y que hay nacimientos para confirmar que la muerte nunca mata del todo.

¿Le temió a la muerte en el momento de su enfermedad?

No. Ya habíamos tenido otros encuentros. Estamos acostumbrados, somos íntimos.
……………

Eduardo Galeano sobre la muerte - Publicada en la Revista Ñ, sábado 19 de abril de 2008.
_________________________
Por ahí nos encontramos seguramente. (M.A.A. - 13/04/2015)

jueves, 2 de abril de 2015

Muchacha - Armando Tejada Gómez

HOMENAJE

Muchacha
Recuérdame esta noche y nómbrame en tu idioma,
amor mío, muchacha, territorio de pájaros,
nómbrame en las ciudades donde trepas los trenes
con la amapola herida de tu vestido diario.
No conozco tu nombre, pequeñito y apenas,
tu mínimo poema de una sola palabra,
pero voy pronunciándote cuando digo esperemos
o cuando me transitas hacia dentro del alma,
porque sé que tus rostros tienen un mismo rostro
y tu sonrisa un aire de pétalo del aire,
conozco, sé tu modo de salvarnos la vida,
vencedora inmutable, con un niño en la sangre.
Yo te he visto muchacha plural, en las ciudades,
gastándote la magia con la prisa del alba.
Las oficinas públicas, públicamente áridas,
la tienda estrepitosa, la planilla a mansalva,
esas fábricas rojas de devorar, el sueldo,
lamentables rutinas de alquilarte hasta el sábado
y tú, tu nuca tibia, trizada luz, flor pálida,
resistes esa estrecha disposición de enanos
apoyada en tus sueños como en una ventana.
Y el moscardón horario zumbándote el absurdo
para matarte adentro la condición de pájaro.
Las ciudades son turbios demagogos, son esas
celestinas anónimas de la moda, sensuales
como una gelatina de sexo pegajoso,
espesas son, a gotas, turbiamente sensuales.
Las ciudades son fríos hoteles transitorios.
Debe se espantoso morir en las ciudades.
Porque no han hecho nada por amor, tantas cosas,
porque no figurabas en los planos, muchacha.
Y ya has nacido risa, has nacido tumulto,
has nacido de pronto con un golpe de alas.
Y ahora que has venido, que ya estás, que has llegado,
hay que cambiarlo todo, decir amor y amarnos,
clausurar las planillas, postergar las ganancias,
ahora que has llegado con tu fragante risa
qué han de hacer los señores de destino contable. . .
En horas de oficina, bajará mi poema,
a decirte en la oreja: territorio de pájaros. . .
Pero sigue guardando flores en la cartera,
la última dulce carta, un poema de Pablo,
sigue guardando signos de combatir el moho,
subversivos panfletos de construir la esperanza.
Muchacha, estrella nuestra, amor en todas partes,
los poetas cantamos para tu pie desnudo,
para tu sangre diaria,
porque somos la vida y esa sonrisa tuya,
nada más que la vida,
la vida y tú,
muchacha…

Por Armando Tejada Gómez de la publicación de EL COMBATIENTE N°64















sábado, 21 de marzo de 2015

Ahora

AHORA

Mario A. Alonso

He descubierto la vida, al niño que me acompaña cuando me encuentro perdido.
Está siempre a mi lado, soy yo mismo cuando chico.
Lo sé ahora, en este momento en que ese crío a mi lado me empuja a escribir sin soltarse de mi mano, y ahí voy, con las discordancias de aquel que fui, que sigo siendo.
El viento agita suavemente un mándala y las piedras que cuelgan de él golpean una botella; siento el viento en el sonido y en el frío las voces de la montaña.
Se que estoy vivo porque las hojas del olmo que plantó mi viejo suenan como campanas, y el niño aquel sonríe, porque en el retumbo arrastra el viejo trepidar de los eucaliptos y los plátanos bonaerenses, comprendo entonces que estoy existiendo.
Desenredar el actual ovillo de sensaciones y vivencias no es sencillo.
Intuyo que voy hallando la punta de esa madeja.

martes, 20 de enero de 2015

El Origen del Picaflor - Leyenda Mapuche

El Origen del Picaflor - Leyenda Mapuche

Cerca del lago Paimún, oscuro y silencioso como un estanque, donde el tiempo se amansa junto con la corriente, vivían hace mucho tiempo dos hermanas: Painemilla y Painefilu. Las dos eran jóvenes y hermosas, y un día un gran jefe extranjero se enamoro de Painemilla. La muchacha y el inca se casaron y se fueron a vivir a su hermoso palacio de piedra, construido en la cercana montaña de Litran-Litran.

Pronto Painemilla supo que esperaba un hijo, y el inca convoco a los sacerdotes para que hicieran sus profecías. Uno de ellos dijo que nacerían un varón y una mujer, y que los dos, en señal de distinción, tendrían en el pelo una hebra de oro.

Como se acercaba el momento del nacimiento y el inca tenia que viajar a sus tierras del norte, Painemilla le pidió a Painefilu que subiera al palacio para hacerle compañía. Así se reencontraron las dos hermanas, pero las cosas ya no fueron como antes, Painefilu sentía una envidia inconfesable de Painemilla, de su vida que parecía tan fácil, tan plácida, colmada de abundancia y de amor... Odiaba su facilidad para hacerse querer y su aparente ignorancia de los malos sentimientos... le dolía verla acariciar distraídamente su vientre que crecía, mientras se sentaba a tejer o a trenzar los Kupulhues, y sola, durante muchas noches, no pudo pensar en otra cosa más que en los ojos amantes con que el inca había mirado a su hermana al despedirse.


Painefilu trataba de disimular sus sentimientos y cuidaba mucho a Painemilla, pero sentía que el mundo se achicaba a su alrededor, que el corazón se le volvía pesado y duro y que ya no podía levantar la cabeza para mirar a nadie a los ojos.

Con el nacimiento pareció enloquecer: convenció a su hermana de que había parido una pareja de perritos y escondió a los hermosos mellizos que habían recibido en sus brazos. Hizo fabricar un cofre, acomodo en él a los bebes y mando que lo arrojaran en la zona más correntosa el lago Huechulafquen. En el palacio Painemilla lloraba espantada, mientras amamantaba a dos perritos.

Cuando el inca estuvo de vuelta, no hubo manera de que perdonara a su mujer. Furioso, dando enormes pasos que resonaban sobre las piedras del piso, con su mano alzada como para castigarla, echo a Painemilla, la mando a vivir a la cueva de los perros e hizo matar a los cachorritos. Painefilu, sombría, siguió viviendo en el palacio, cada vez mas callada, como si todo lo que había pasado pudiera tragárselo el silencio.

El agua del Huechulafquen se abrió para recibir el cofre donde dormían los hijos de Painemilla y sé cerro sobre el cubriéndolo de espuma. Pero la caja se asomo unos metros mas allá y se mantuvo milagrosamente a flote, oscilando entre las olas, nadando en círculos en los remansos, atascándose a veces entre las piedras y las plantas de la orilla... dicen que Antü, el padre Sol, desde le cielo, descubrió el cofre por el brillo de su cerradura de oro y decidió protegerlo, dándole calor o sombra según lo necesitara... hasta que, cierto día, un hombre viejo que pasaba junto al lago vio el cajoncito brillante, muy cerca de la costa, entonces lo saco del agua y se lo llevo a su casa, admirado de su hermosa cerradura dorada, pero no lo abrió enseguida porque era la hora de comer y no quería hacer esperar a su vieja esposa.

La pareja comía su chaskiñ cuando escucho unos sonidos extraños, como el entrechocar de huesos, que provenían del cofre. Lo abrieron con cuidado y encontraron a los rubios mellizos de hermosos cabellos entre los cuales se destacaba, mas largo y brillante, un pelo de oro.

Los viejos mapuches se asombraron mucho de los recién nacidos, que se pusieron a crecer ostensiblemente apenas los alzaron del cajón. Y los criaron con amor, aun sabiendo que nunca serian como ellos esos extraños y hermosos niños que nunca comían, y que, sin embargo, se hacían tan grandes como hijos de dioses.

Un día, mientras el inca paseaba tristemente por las inmediaciones del lago, pensando, como siempre, en que era un padre sin hijos, un esposo sin esposa y en que nunca comprendería bien por que, vio a los mellizos que jugaban junto al bosque. Le atrajeron de inmediato esos chicos solitarios, un niño y una niña, que tendrían la edad de los suyos si estos hubieran sido humanos como se esperaba... quiso conversar con ellos y, al acariciar la cabeza del varón, sintió en su palma el pelo de oro. Y de esa manera, en un instante, los tres se reconocieron. Pero el muchachito enfrento al inca con violencia:

- ¡No podemos llamarte padre! Echaste a mama del palacio. Pasa frío y hambre entre los perros. Se abriga con un cuero pelado y tiene que disputarle la comida a los animales. Era una reina y vive peor que un perro, porque piensa y recuerda... Te repito: no podemos llamarte padre.


Conmocionado, el inca mando que llevaran a los mellizos al palacio de Litrán. Una vez allí, su hijo volvió a increparlo:

- ¡Queremos ver a mama ahora mismo! No nos quedaremos ni un minuto si no la liberan y le devuelven el respeto que se merece. Si no es así, te juro que no mandaras por mucho tiempo.

El inca obedeció, y así fue como Painemilla y sus hijos se reunieron, se conocieron y no se separaron nunca más.

De Painefilu, la traidora, se vengaron sus propios sobrinos. La ataron, la empujaron afuera del palacio y la obligaron a sentarse sobre una roca. Entonces el muchacho sacó un objeto que tenía guardado, alzó hacia el sol la pequeña piedra transparente y rogó:

- ¡Ayúdame, Antü! ¡Que todo tu calor atraviese mi piedra mágica! ¡Que se convierta en rayo, en antorcha, en la llama más azul, para destruir a Painefilu!

El prodigio se cumplió, y de Painefilu solo quedo un montón de cenizas. Pero un pedacito de su corazón no alcanzo a quemarse, y cuando llego el viento a dispersar los vestigios, de entre el remolino ceniciento salió volando un pajarito tornasolado.

Era el pinsha, el picaflor, que según los mapuches predice la muerte, que vive inquieto y triste como Painefilu. No se posa en las ramas ni roza con sus alas el follaje como los otros pájaros; tiembla, tiembla de miedo constantemente y, como si esperara un castigo, se esconde en cavernas oscuras o se aferra con desesperación a los acantilados.

sábado, 3 de enero de 2015

APRENDIZAJE - Mario A. Alonso

APRENDIZAJE

MarioA. Alonso

A golpes se aprende.

A la sazón, cuando el corazón se anuda y casi muere, se aprende.
Se aprende al borde de la muerte, de la propia y de la amada; mucho más de la amada.
Aprendes cuando la muerte roza apenas a aquella que en su vientre concibió la locura de tu futuro.
El aprendizaje, la comprensión del todo y de la vida no es directo.
Si estás muriendo sabrás que solo es eso, las puertas de lo oculto, solo para vos; eso no conduce a la sabiduría.
El porrazo debe venir de alguien amado intensamente.
Si el alguien te ha dado vida será un golpe inolvidable, misterioso, que lleve a comprender las cuestiones que realmente importan en la existencia.
Si luego de aquel trancazo logras salir indemne, habrás cambiado, sino es que eras un ingenuo, un inocente.
Las ligas en el presente tienen que ver con el amor.
Vives en el amor, y en el amor mueres, aunque sigas viviendo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

MATANDO DEMONIOS

MATANDO DEMONIOS

MARIO ANGEL ALONSO

Detrás de la puerta sin luz

vendrá a buscarte el demonio
te llevará clavado en el tridente
porque has pecado

mi abuela dijo asi alguna noche
y cerró puertas y ventanas
la oscuridad coronó el espanto pavoroso
un aguijón hincó la médula
nada de eso ocurrió esa noche
coló por las rendijas 
la mañana 
me hice fuerte ante aquel pánico
junto al alba mu rióel miedo.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Voy a caerme

VOY A CAERME

Mario A. Alonso

Voy a caerme
en la negra noche de los sueños
dejarme descansar
sin custodia ni recuerdos
a despeñarme
inconsciente en la memoria
entregarme al acaso sin arreglos
a los bajíos de la oscura traslación incontrolable
concedo el cuerpo dormido al universo
sin conocer el rumbo de mi sino
esta cerca la hora en que me entrego
a los candiles del futuro inquietante
turbado llego a dormir la pena y la alegría
con la esperanza de un nuevo destino
déjame oscuridad en la inocencia
si amanezco entre estrellas o luces
seré el albor
nuevo mortal sin ahogos.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

RAFAGAS DE AMOR - Mario A. Alonso

RAFAGAS DE AMOR

Mario A. Alonso


Como ráfagas llega el amor

a veces violentos torbellinos

otras veces rachas suaves

llegan y se quedan

colgados del color del cielo

que los trae

no es la violencia con que acuden

lo que las hace eternas

sino el olor del viento que las acarrea

y el cielo mas o menos azul que las alumbra

no es lo mismo una ráfaga de sauce

que una violenta ventolera de jarillas

medir el amor por el olor del tiempo

puede exponer el momento

el desgarro que queda en el alma

no pienso en vendavales de molles

esos que con espinas dejan huellas profundas

cada cual descarga un recuerdo

y no es la flor ni la espina

sino el ímpetu de la brisa que la arrastra

jarillas, molles y amor

de todo eso lleno está este aliento

y como llegan se van

montados en el lomo de lo incógnito

tengo un corazón empapado de jarillas

de molles y espinas anegada voluntad

no es la violencia de la esencia del árbol

es la disposición de aceptar el arrebato

preparando el corazón para el zarpazo.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

ENREDADO RUMBO AL DIA

ENREDADO RUMBO AL DIA

Mario A. Alonso




Lo anda cercando la noche
extremidades pegajosas
envuelven al hombre
y embrujan la pana
como tela de araña
teje el recuerdo
enhebra nostalgia
empuja al hondo agujero
de la soledad
fatal, injusta, incógnita,
negra la manta
se comprime el juicio
manso cede el hombre acorralado
conociendo el encierro
sabe que en estas horas
mariposas, duendes y brujas se agitan
y enredado en telarañas
entrega albur en las hojas

y espera el mañana.