viernes, 18 de julio de 2014

INFINITO

INFINITO
Mario A. Alonso

Donde se funde el sol
no acaba la tierra
mis ojos ven rojos y violetas
marrón grisáceos los cerros
cobijan sueños
duerme Nguenechen la madrugada
sombra soy en la mañana
mi viaje no perturba las montañas
el tiempo circular
desprecia mi presente
atávica sabandija
posándose en las patas
de planta en planta
mis pasos
perspectiva circular
del cosmos
transitar perpetuo
mi presente
y mi pasado

huellas lejanas
nada soy
en las mañanas.

martes, 17 de junio de 2014

LIBERTAD

LIBERTAD


Mario A. Alonso

Lastimado por la noche, y esperando tu sermón que oprima más mi alma, hago un lugar en la conciencia y digo… éste es mi único momento a solas, el instante, a veces infinito, en que puedo exponer el barro que arrastra el río en mis entrañas.
Me hace falta este espacio delicado y solitario, en que nadie cuenta horas, es el momento en que puedo hablar conmigo, interrogarme, mirarme adentro, a veces tan vacío.
Es probable que pretendas salvarme del dolor, de la nostalgia, del recuerdo detallado.
Pienso si duermes o despierta imaginas lo que escribo.
Pienso en vos, en mi, en nuestro destino.
Es esta la hora justa en que puedo estar conmigo mismo.
Yo se que nos amamos, que vos por mi harías lo mismo que por ti yo hiciera.
Que somos parte uno del otro.
Que quizá sin vos yo no existiera.
Y estás allá, durmiendo tal vez la madrugada, y yo amanecido en la nostalgia encuentro por estas horas el camino.
Que daría mi vida por salvarte, no tengo dudas.

lunes, 16 de junio de 2014

LOS CROTOS

LOS CROTOS

Mario A. Alonso


En Baigorrita, los niños les temíamos a los crotos.
Yo era uno de aquellos a quienes la abuela recomendaba no acercárseles.
Pasé buena parte de mi vida sin entender porque esos hombres desarreglados y sucios, que dormían en las alcantarillas de las vías, eran tan malos y a veces se comían a los niños.
Ya de bien grande entendí que su maldad residía en la rebeldía de buscar trabajo burlando a los guardas de los trenes, hasta que el gobernador José Camilo Crotto escribió una ley que amparaba su viaje en los vagones de carga que los acercaban hasta los sembrados en el tiempo de cosecha.

domingo, 15 de junio de 2014

PEHUEN

PEHUEN


Mario A. Alonso


En cada uno de los aros que forman el tronco del pehuén más viejo vive guardada la historia toda de Neuquén.
Cada segundo, cada hora, cada día, cada año ha guardado la madera de su cuerpo.
Cada nacimiento y cada muerte.
Cada alegría, cada tristeza, cada rabia, cada amor.
Conoce la planta cada inocente y cada culpable.
Quien entiende su lengua conoce la verdad.
Por eso es sagrado y es padre y es madre de un pueblo ese árbol.

HUMEDAD

HUMEDAD


Mario A. Alonso

Llueve
el sonido de las gotas en el techo
ocupan mi atención
en este pueblo 

la lluvia se niega siempre
alunas veces el cielo se detiene

una distracción florece en silencio
ahora la lluvia 
es todas las palabras que  ocultaba
apareces vos y a tu lado él, 
aquella, este, 
todas las cosas aparecen.
Cuando la mano llena 
la hoja de palabras 
las gotas vuelven esta vez a acompañarme.
Entonces ando la humedad 
deliro notas hasta la madrugada.

viernes, 13 de junio de 2014

LOS DESEOS AHOGADOS

LOS DESEOS AHOGADOS 

Mario A. Alonso

Los deseos ahogados suelen ser tan irreverentes que cuando se les antoja, se asoman en algún sueño para ser realidad por un instante.

lunes, 9 de junio de 2014

NO ERA YO


NO ERA YO
Mario A. Alonso


Si acaso creíste que era yo
equivocaste el camino
y un tajo te llevó
a que me vieras.

Soy el coladero de miserias
que no muestro
las que encierran
lo que no soy.

Y si acaso creíste que era yo
equivocaste el camino
y un tajo te llevó
a que me vieras.

Ese no era yo,
apenas una muestra
de mi pobre corazón.

Ese no era yo,
apenas una muestra
de mi pobre corazón.

jueves, 5 de junio de 2014

SENTIMIENTOS

SENTIMIENTOS
Mario A. Alonso

Como siempre viene y me aplasta,
me arrolla y da vueltas el viento
alrededor de mi espalda.
Aprende a sangrar el corazón
en cada giro… 
no se, soy yo,
no se si soy,
no se.

Oigo una melodía en el fondo.
Suave sinfonía, mi corazón desafina
allá en lo hondo.

Y es la carcaza que construí
junto a mi habitación
que me impide que te sienta
con dolor.
Que me impide que te sienta
con dolor.

viernes, 23 de mayo de 2014

AQUEL TEMIDO ENCUENTRO

AQUEL TEMIDO ENCUENTRO
Mario A. Alonso

Era tarde, los primeros reflejos herían sutilmente la negra túnica de la lóbrega noche, era casi madrugada.
Rutinariamente procuraba el sueño frente al televisor.
Un lienzo índigo salpicado de islas de todos los tamaños llegaba a mis ojos desde el lejano Pacífico.
Allí, aquella mujer cobriza cosechaba frutas para el desayuno y mis sentidos se impregnaban de perfumes, de trinos y olor a mar, imaginados.
Como hacía años había elegido un cómodo sillón de la sala, el que ocupo siempre, y me es cedido por mis más cercanos sin siquiera reclamarlo.
Volaba mi imaginación y el alma hasta aquellos cayos de la Polinesia, en tanto subía por la nuca el sensual abandono que precede al sueño; la distensión de los músculos y tendones del cuello lo presagiaban.
Los párpados pesados se oponían al instinto que porfiaba por mantener la vigilia prolongando el goce del espectáculo que en alta definición saturaba la pupila insomne.
Súbitamente un sacudón me arrancó del agradable sopor. Imaginé un pequeño terremoto de los que de vez en cuando estremecen el valle.
El sillón que ocupaba, y no era otra cosa que un profundo cajón alargado de aproximadamente dos metros y setenta centímetros de ancho, contenía en su interior cientos de libros y comenzó a moverse como ya lo había hecho en otras oportunidades.
El movimiento ondulatorio parecía elevar esa caja de más de doscientos kilos. Al principio fueron suaves meneos, luego las inclinaciones se tornaron más violentas.
Miré hacia el piso de cerámicos blancos y ví que el mismo estaba estático, no era un movimiento telúrico tal como lo conocía.
Descubrí entonces que lo que me estaba moviendo venía desde dentro de aquella especie de baúl, y que lo que me elevaba era algo vivo que se encontraba debajo de mi cuerpo.
Una mezcla de temor y desconfianza invadió todos mis sentidos.
- Me debo haber acostado encima de alguno de los animales de la casa – pensé.
Lentamente, espantado ante la idea de estar ahogando con mi peso a alguno de los gatos comencé a levantarme; observé que efectivamente debajo de los almohadones algo se movía intentando salir de la presión de mi cuerpo; entonces lo ví por primera vez.
La entidad era algo difícil de describir, su cabeza desnuda, sin una sola señal de cabello, era de un color ceniciento. Respiraba con dificultad y sus ojos estaban a punto de saltar de las órbitas.
De un salto abandoné aquel sitio; automáticamente él también se desprendió de todo lo que aún quedaba encima de su cuerpo y se impulsó hacia delante de una manera fabulosa.
Fue a dar al frente de donde yo estaba, a desplegar toda su espantosa dimensión.
No era de este mundo aquella criatura. Un humanoide extremadamente delgado, de largas extremidades y cubierto de rojas manchas purulentas.
Nos miramos por un breve instante. Ambos sentíamos terror, yo presentí el suyo idéntico al mío.

Con el mismo ímpetu con que apareció corrió hacia la oscuridad de la sala para desaparecer. 

viernes, 9 de mayo de 2014

DEL DESIERTO

DEL DESIERTO

Mario A. Alonso



Ojos adentro,
en lo profundo
una canción de caracoles
y arena de volcanes.

Estrafalarias estatuas
de cenizas,
sin sonrisas
amenaza la mirada.

No comprendo nada,
en el fondo del abismo
la felicidad apretada
de un corazón baldío.

Tu terruño estéril
desiertos los contornos
sin alegrías
yermos como el rostro.

Amontonan arcanos misterios
estos desolados pedregales
imprevisto el tropiezo
nos arrastra a otra realidad.