Hago de esta una trinchera, en principio la mía.
También intentaré que este espacio sea un mundo donde convivan la poesía, la narrativa, la política, la fotografía y toda otra expresión artística afín.
La idea es construirlo entre todas y todos, generando un espacio de debate, desde abajo y a la izquierda.
"Y ellas, ¿nos espían? Esos fulgores de la noche, ¿son ojos que noche a noche nos miran?
¿O son bocas? ¿Bocas abiertas por el asombro, que tiemblan de miedo? Los astrónomos no se atreven a decirlo, pero las más recientes investigaciones han probado que las estrellas están cada vez más atónitas y tembleques. Van del estupor al pánico: ellas no consiguen entender cómo sigue dando vueltas, todavía vivo, este mundo nuestro, tan fervorosamente dedicado a su propia aniquilación, donde no hay duda más rentable que el crimen ni nada más exitoso que la estupidez. Y se estremecen de susto, porque han visto que ya andamos invadiendo otros astros del cielo.”
EDUARDO GALEANO
Están los
que creen que las estrellas fugaces y los cometas son la misma cosa, yo puedo
explicarles que no es así. Solo la noche duerme con millones de ojos abiertos.
Mario Angel Alonso
Salté el cerco de la noche para cosechar
estrellas.
Caminé de puntas el sendero empinado para no
despertar ni a la noche, ni a ellas y cuidadosamente, una a una las
fui recogiendo y guardando en la negra bolsa.
Algunas hicieron ruiditos cuando llegaron al
fondo del saco y tropezaron con las otras estrellas de cristal, esas que en las
noches de invierno brillan tan fuerte que parecen faros en la eterna
negritud.
Hubieron las que se encendieron camino al fondo, las
estrellas vagabundas, las fugaces, duraron apenas unos segundos antes de acabar
desintegrándose ante mis ojos para perdurar eternas en la memoria.
Una prima hermana de éstas es aquella que nunca
alcancé, una que pasó delante mío y se desvaneció como cualquier estrella
fugitiva pero luego regresó.
Y así cada tantas noches volvió a pasar.
Con el tiempo descubrí que era un cometa, veloz
y asombroso que nunca dejó de andar el universo. Alumbra cortando en dos el
horizonte cada vez que lo espero.
En
su clase de Geografía, la maestra habla de Turquía
mientras
que la susodicha
sólo
piensa en su desdicha y en su dilema;
¡Ay,
qué problema!
En
casa, el novio ensaya qué va a decir,
seguro
que va a morir cuando los padres se enteren.
Y
aunque él, otra solución prefiere, no llega a esa decisión
porque
esperar es mejor, a ver si la regla viene.
Decisiones
(Ave María), cada día (Si señor).
Alguien
pierde, alguien gana ¡Ave María!
Decisiones,
todo cuesta.
Salgan
y hagan sus apuestas,
¡Ciudadanía!
El
señor de la casa de alquiler,
a
pesar de que ya tiene mujer,
ha
decidido tener una aventura (A lo casanova);
y
le ha propuesto a una vecina que es casada,
de
la manera más vulgar y descarada
que,
cuando su marido, al trabajo se haya ido
lo
llame para él ser su enamorado.
La
señora, que no es boba,
se
lo cuenta a su marido
y
el bravo decide, cómo no, invitar al atrevido
y
ella lo cita, cual lo acordado.
Y
el vecino sale todo perfumado,
con
ropa limpia que su esposa le ha planchado,
y
trae una flor que se encontró en el tendedero (A lo "LoveStory").
Dentro
en casa de la vecina está el marido,
indeciso
sobre dónde dar primero,
con
un bate de beisbol del extranjero.
Y
suena el timbre, rin-rin (y no es el Gran Combo),
comienza
la segunda del noveno.
Decisiones
(Ya pa' qué), cada día (Tu verás).
Alguien
pierde, alguien gana
¡Ave
María!
Decisiones,
todo cuesta.
Salgan
y hagan sus apuestas,
¡Ciudadanía!
El
borracho está convencido
que
a él el alcohol no le afecta los sentidos,
por
el contrario, que sus reflejos son
mucho
más claros y tiene más control.
Por
eso hunde el pie en el acelerador
y
sube el volumen de la radio para sentirse mejor (bienchevere),
y
cuando la luz cambiando a amarilla,
las
ruedas del carro chillan y el tipo se cree un James Bond;
decide
la luz del semáforo comerse
y
no ve el truck aparecerse en la oscuridad.
Pito,
choque y la pregunta "¿Qué pasho?"
"Pa'
la eternidad"
(Persígnate
Brother)
Decisiones,
cada día.
Alguien
pierde, alguien gana
¡Ave
María!
Decisiones,
todo cuesta (Persígnate).
Salgan
y hagan sus apuestas,
¡Ciudadanía!
__________________________________________
PLASTICO
Ella
era una chica plstica de esas que veo por ahi
De
esas que cuando se agitan sudan chanel number three
Que
sueñan casarse con un doctor
Pues
el puede mantenerlas mejor
No
le hablan a nadie si no es su igual
A
menos que sea un fulano de tal
Son
lindas delgadas de buen vestir
De
mirada esquiva y falso reir
El
era un muchacho plstico de esos que veo por ahi
Con
la peinilla en la mano y cara de yo no fui
De
los que por tema en conversacion
discuten
que marca de carro es mejor
De
los que prefieren el no comer
Por
las apariencias que hay que tener
Pa
andar elegantes y asi poder una chica plastica recoger
Que
fallo
Era
una pareja plastica de esas que veo por ahi
El
pensando sol en dinero
Ella
en la boda en Paris
Aparentando
lo que no son
Viviendo
en un mundo de pura ilusion
Diciendo
a su hijo de cinco años
No
juegues con niños de color extraño
Ahogados
en deudas para mantener
Su
estatus social en boda o hotel
Que
fallo
Era
una ciudad de plastico de esas que no quiero ver
De
edificios cancerosos y un corazon de oro ver
Donde
en ves de un sol amanece un dolar
Donde
nadie rie donde nadie llora
Con
gente de rostros de polister
Que
escuchan sin oir y miran sin ver
Gente
que vendio por comodidad
Su
razon de ser y su libertad
Oye
latino oye hermano oye amigo
Nunca
vendas tu destino por el oro ni la comodidad
Nunca
descanses pues nos falta andar bastante
Vamos
todos adelante para juntos terminar
Con
la ignorancia que nos trae sugestionados
Con
modelos importados que no son la solucion
No
te dejes confundir
Busca
el fondo y su razón
Recuerda
se ven las caras
Pero
nunca el corazón
No
te dejes confundir
Busca
el fondo y su razón
Recuerda
se ven las caras
y
jamas el corazón
Recuerda
se ven las caras
y
jamas el corazón
CORO:
Se ven las caras, se ven las caras, vay, pero nunca el corazón.
Del
plovo venimos todos y ahi regresaremos como dice la canción.
CORO:
Se ven las caras, se ven las caras, vay, pero nunca el corazón.
Recuerda
que el plastico se derrite, si la de de lleno el sol.
CORO:
Se ven las caras, se ven las caras, vay, pero nunca el corazón.
CORO:
Se ven las caras, se ven las caras, vay, pero nunca el corazón.
Estudia,
trabaja y se gente primero alli está la salvación.
CORO:
Se ven las caras, se ven las caras, vay, pero nunca el corazón.
Pero
que mira mira no te dejes confundir, busca el fondo y su razón
CORO:
Se ven las caras, se ven las caras, vay, pero nunca el corazón.
Pa'
lante, pa' lante, pa' lante, pa' lante, pa' lante y asi seguiremos
unidos y al final venceremos.
CORO:
Se ven las caras, se ven las caras, vay, pero nunca el corazón.
Pero
señoras y señores, en medio del plastico también se ven las caras
de esperanza, se ven las caras que trabajan por una Latinoamerica
uniday por un mañana de esperanza y de libertad.
viernes, 9 de diciembre de 2011
SOY
Mario A. Alonso
Soy espacio, silencio, lluvia, trueno, rayo, sol y sombras. Niño, pueblo, calle, casas, padre, madre, campo y tierra. Placer, dolor, canción, amor, odio, hombre y niño. Y soy mi Dios que acecha agazapado en un espacio oculto de la razón.
8 de diciembre de 1886 — México, 24 de noviembre de 1957
Considerado uno de los principales muralistas de su país. Estudió por espacio de quince años (1907-1922) en varios países de Europa (en especial, España, Francia e Italia), donde se interesó por el arte de vanguardia y abandonó el academicismo.
Identificado con los ideales revolucionarios de su patria, Rivera volvió desde tierras italianas a México (1922), en un momento en que la revolución parecía consolidada. Junto con David Alfaro Siqueiros se dedicó a estudiar en profundidad el arte maya y azteca, que influirían de forma significativa en su obra posterior. En colaboración con otros destacados artistas mexicanos del momento (como el propio Siqueiros y Orozco), fundó el sindicato de pintores, del que surgiría el movimiento muralista mexicano, de profunda raíz indigenista.
Durante la década de los años 20 recibió numerosos encargos del gobierno de su país para realizar grandes composiciones murales (Palacio de Cortés en Cuernavaca, Palacio Nacional y Palacio de las Bellas Artes de Ciudad de México, Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo) en las que Rivera abandonó las corrientes artísticas del momento para crear un estilo nacional que reflejara la historia del pueblo mexicano, desde la época precolombina hasta la Revolución, con escenas de un realismo vigoroso y popular, y de colores vivos. En este sentido, son famosas, por ejemplo, las escenas que evocan la presencia de Hernán Cortés en tierras mexicanas (por ejemplo, la llegada del conquistador a las costas de Veracruz, o su encuentro en Tenochtitlán con el soberano azteca Moctezuma II).
Artista comprometido políticamente, Rivera reflejó su adhesión a la causa socialista en sus propias realizaciones murales y fue uno de los fundadores del Partido Comunista Mexicano. Visitó la Unión Soviética en 1927-28, y, de nuevo en México, se casó con la pintora Frida Kahlo, que había sido su modelo.
En la década de 1930 marchó a Estados Unidos, donde puso su arte al servicio de la exaltación del maquinismo; realizó diversas exposiciones y pintó grandes murales en las ciudades de San Francisco, Detroit -decoración del Instituto de Arte de Detroit (1932)- y Nueva York -Rockefeller Center (1933), que fue rechazada por sus contenidos socialistas.
De 1936 a 1940 Rivera se dedicó especialmente a la pintura de paisajes y retratos. Ensayista y polémico, publicó junto a André Breton un Manifeste pour l'Art Révolutionnaire (1938). Por otro lado, este gran pintor mexicano legó a su país una destacada colección de figuras indígenas que instaló en su casa museo, llamada el Anacahualli.
Teodoro, un guaraní-kaiowa demasiado joven para morir
Teodoro Ricarte, joven guaraní asesinado durante la recuperación de tierras indígenas, dejó atrás sus sueños, pero su espíritu se reunirá con sus antepasados en las tierras que habitan.
TEXTO Y FOTOS: MARIA PENA
TRADUCCIÓN: CÉSAR ORTEGA
Mato Grosso do Sul, Brasil. Teodoro Ricarte tenía casi 34 años cuando fue golpeado y apuñalado hasta la muerte. Dejó a su esposa, a sus tres hijos – el mayor tiene sólo 12 años – y sus dos hermanas. Era el único hombre de la familia, cuyos miembros se quedaron “guaxo”, como se llama a los huérfanos en guaraní.
En 2009, Teodoro decidió acompañar al cacique y a los principales líderes en la recuperación de las tierras de sus antepasados. Se llevó con él a toda su familia para volver a vivir allí y reivindicar la demarcación de las tierras indígenas de Ypo’i, el mismo lugar donde sus abuelos y su madre habían nacido. La lucha se daría a tres haciendas que ocupan el área, situada en la región de Paranhos, Mato Grosso do Sul.
Fue por la búsqueda de un futuro mejor que decidió dejar junto con su familia la reserva de Pirajuí, creada por el gobierno a principios del siglo XX y adonde muchas familias fueron llevadas – por la fuerza, en gran medida. El trabajo de Teodoro como jornalero en las haciendas de la región le permitía conseguir algunos artículos de subsistencia, como sal y jabón. Muy apegado a sus hermanas, dividía con ellas esas pocas compras, además de los productos de la caza. No sólo eso, con ellas también compartía el fuego y todo lo que ello implica.
Con la recuperación, Teodoro decía a sus hermanas que haría tres grandes casas para que vivieran juntos, con un gran área de cultivo para garantizar su subsistencia y la de sus hijos. Soñó también con ser ñanderu, rezador, y se estaba preparando para ello. Como ñanderu, andaba siempre sin armas, y desarmado estaba cuando fue asesinado.
Volvía a la comunidad de Ypo’i al atardecer en compañía de dos personas. Para llegar al área recuperada, donde el grupo permanece por una decisión judicial, es necesario atravesar la hacienda Cabeza de buey, una de las tres que se encuentran en el área reclamada, actualmente a la espera de la conclusión de los trabajos de identificación realizados por la Fundación Nacional del Indio (FUNAI).
Cuentan que en ese recorrido, aún dentro de la hacienda, fueron abordados por “Negão”, como es conocido un hombre que se presenta como uno de los empleados de esa hacienda. “Negão”, que habitualmente mantenía conversaciones pacíficas con los indios, descendió de su caballo, golpeó a Teodoro en la cabeza y le dio una serie de cuchilladas en el rostro y cuello. Los acompañantes consiguieron correr para salvarse. Cuando regresaron a la escena, Teodoro ya estaba muerto. Allí estuvieron junto al cuerpo hasta la mañana siguiente, cuando otros miembros de la comunidad fueron a su encuentro. El cuerpo fue llevado por la Policía Civil esa misma mañana a Paranhos y sólo pudo volver a la comunidad para ser velado al día siguiente, por decisión de la Corte Federal, y en contra la voluntad del propietario de la finca San Luis, una de las tres haciendas en disputa y donde sería el funeral.
La comunidad, de alrededor de 70 familias, no se siente segura. En total, relatan, son siete pistoleros los que trabajan para las tres haciendas del área. Los dos testigos oculares fueron escuchados por las autoridades que investigan la muerte de Teodoro, pero la comunidad tiene serias dudas de que haya habido una comprensión correcta de su testimonio, entre otros factores, por la dificultad de las mujeres para comunicarse en portugués.
“Cuando un indígena da un testimonio, es como si nadie hubiera visto, como si no valiera de nada”, comenta un miembro de la comunidad al contar que, a pesar de las denuncias, el asesino sigue en libertad y en el área de la hacienda, lo que hace la atmósfera más tensa.
La tensión regresó a la zona después de casi dos años de relativa tranquilidad. En 2009, durante el último proceso de recuperación de esta área tradicional, un ataque de varios pistoleros a la comunidad dio como resultado la golpiza de algunos indígenas y la muerte de los maestros Genivaldo y Rolindo. El cuerpo de Rolindo sigue desaparecido, y las investigaciones sobre los homicidios no han concluido. El asesinato de Teodoro aparentemente marca un nuevo período de conflicto. Dos días después de este crimen, un grupo de indios que salió a pescar se vio amenazado por al menos ocho disparos de balas de goma de los pistoleros de la hacienda de San Luis.
La comunidad todavía está tratando de entender el por qué del retorno de las amenazas. ”En cierto sentido lo están haciendo porque están perdiendo esta lucha. Están aterrorizados. Amenazan para ver si nos vamos, si abandonamos nuestras tierras. ¡Pero no nos vamos!”, asegura en una lectura de la situación uno de los miembros de la comunidad. Mientras tanto, los indígenas están a la espera de que la justicia y la ley vean por ellos ya que, en dos años, han perdido a tres de sus guerreros en la lucha por un derecho que les pertenece.
La noche del velorio fue de tensión en la comunidad de Ypo’i. Mientras hacía eco en la selva el sonido de los rezos de los que velaban el cuerpo brutalmente asesinado del guaraní, la comunidad permanecía alerta ante cualquier posible ataque a instancias de los propietarios de tierras que circundan el área recuperada. Teodoro sería sepultado conforme a lo dispuesto por los guaraníes: en su tierra ancestral. Amaneció y Teodoro pudo ser enterrado en los límites de la selva de Ypo’i por la mañana del sábado. Fue devuelto junto con sus antepasados, para habitar de forma definitiva estas tierras y la selva a las que su espíritu estaba ligado. Unas horas después, una fuerte tormenta con viento y lluvia barrió la región. “Esa es nuestra arma y nuestra revancha”, concluyó un guarani-kaiowá entristecido.
* Los miembros de la comunidad colaboraron para la elaboración de este reportaje.
Nadie sabía que éramos amigos. Nadie oyó los diálogos, ni vio las miradas que nos sirvieron de vínculo. Nadie sabía que año tras año nos citábamos, a mediados de la primavera, en la glorieta silvestre de las barrancas que daban al río, y que estas entrevistas duraban hasta el fin del otoño, y que año tras año, como sucede en los cuentos y en la vida real, hablábamos de las mismas interminables, íntimas cosas. No faltábamos jamás a las citas. Yo acudía a veces con un sombrero de paja sucio, cuyas alas pintaban sombras en mi cara ovalada; ella, con un reflejo alado en sus ojos parpadeantes. No sé bien de qué hablábamos, pero me aventuro a evocarlo: yo, de un anzuelo con carne cruda en la punta del hilo de una caña de pescar; ella, de un hormiguero importante, con túneles y edificaciones sólidas; yo, de una estatua de terracota y de un avión, y del avión a chorro; ella de las semillas que hay en la basura; yo, de las fornicaciones debajo de los puentes; ella, de los gusanos, de las almendras, de las flores violetas de los paraísos, del estiércol dorado; yo, de los zafiros, de las esmeraldas, de los rubíes del reloj. La muerte no nos separaba. La muerte no interrumpía el coloquio inalterable de nuestras voces. Sin embargo el tiempo
pasa, suele pasar a veces.
—No me amas bastante —yo le decía—. A veces tengo que esperarte.
—¿Qué es amar? —me preguntaba—.
—Amar es una cosa siempre diferente —le respondía—.
—¿Pero qué sabor tiene?. ¿Qué hábitos?.
—Sabe a miel, a lluvia, a polvo, a barro, cuando llueve. Sus hábitos son múltiples, tan maravillosos como horribles a veces.
—¿De qué te servirá?.
—De nada.
—¿Para qué quieres que te ame, entonces? —Para que podamos hablar—.
—¿No hablamos?.
—No hacemos otra cosa.
—¿Entonces, te amo?.
—Me amas, sin duda me amas.
Cuando llegábamos a proferir estas últimas frases, la noche invariablemente caía y el sueño nos tumbaba en nuestros lechos. A veces soñábamos el uno con el otro. No soñábamos con otras cosas. El sueño no nos separaba, tampoco nos separaba la muerte, ni el trabajo, ni las distracciones, ni la crueldad, ni la familia. Sin embargo el tiempo pasaba y como suele acontecer pasaba junto a la felicidad, rozándola, carcomiéndola como si no hubiera existido. El sombrero de paja cada vez más sucio, amarillento como las hojas encendidas de una fogata, se rompía; la glorieta se resquebrajó en sucesivas tormentas. Yo cambié de vestiduras y de costumbres. Casi podría decirse, de cuerpo. La ingratitud no es necesariamente pura.
Distraído, ya borracho, acudía al Night Club y acariciaba con la punta de los
dedos y de las miradas las alas de la amada ausente convertidas en otras alas, los ojos convertidos en otros ojos. ¿Se trataba de un ángel?. Una descripción
minuciosa nos ayudaría tal vez a descubrirlo. Unos pequeños espejitos en forma de rombos o de triángulos pegados a un tul azul eléctrico relumbraban en las noches; sobre esas capas consecutivas de tul se hallaba un corselete verdoso de terciopelo, cuya suavidad se asemejaba a los pétalos de las rosas; un acerado relámpago de lentejuelas repetidas al infinito, irisaba el contorno del ruedo de esa falda que se plegaba y se desplegaba al viento como dentro del agua las aletas de algunos peces, o algunas plumas de la cola, en abanico, del pavo real.
Se trataba del vestido de una mujer, y como ese vestido revestía un cuerpo creía que me había enamorado del cuerpo.
Todo el mundo oyó las palabras que nos decíamos (sólo la infancia mantiene secretos inviolados). Para besarnos, a veces nos demorábamos en los zaguanes, en los corredores, en los ascensores, para ocultar los proyectos que nos decíamos al oído. Todo el mundo sabía que éramos amantes y que nos encerrábamos en los cuartos de una casa amarilla, con las persianas cerradas, para escondernos.
—No me amas bastante —yo le decía—. A veces tengo que esperarte, no compartes mi ansiedad.
—¿Qué es amar?.
—No me lo preguntes, el mundo está lleno de trampas. Amar es sufrir, pero también es la felicidad (o se le parece).
—¿Para qué quieres que te ame si amar es sufrir y la felicidad es ilusoria?.
—Para que hablemos. —¿No estamos hablando? —Sí.
—Entonces, te amo.
Y dejaron de hablar. El vestido estaba sucio, roto, no brillaba en la noche.
¿Dónde estaban sus alas, sus espejitos? —Un día me olvidaste.
—Nunca te olvidé. Amé tu recuerdo en un vestido —dijeron en la glorieta las dos voces que nadie oyó—.